Si la vida fuera una película, estos últimos cuatro años fueron dirigidos por alguien que me odia o que tiene un sentido del humor muy retorcido. Se terminó la precuela de la adolescencia y entramos de lleno en este drama psicológico donde el suspenso no es si voy a conseguir el papel de mi vida, sino si el auto va a arrancar o si el negocio se va a fundir (Spoiler: ya pasó todo eso) .
Bienvenidos a mi año 27. El número del club maldito. Pero mientras Amy o Kurt estaban haciendo historia, yo estoy acá: autoperciéndome adolescente con sueldo mínimo en el nivel de la indigencia. Acá les tiro un resumen de los plot twists de mi guion actual:
El arco romántico: Hace 4 años que estoy en pareja. Pasé de ese "60% espiritual y 40% humana" que tenía terror de engancharse a compartir el caos con alguien. Es mi coprotagonista en este kilombo de mudanzas, deudas y un auto que pasó a mejor vida antes que yo.
Diseño de producción (o el fracaso del Feng Shui): Tengo departamento, pero sigo con el mismo problema que tenía a los 21: no sé cómo decorar mi espacio. El "Museo de mis obsesiones" ahora incluye una cocina donde aprendí a hacer guiso, pero el resto del lugar sigue reflejando mi crisis existencial y mi frustración de artista frustrada.
Efectos especiales (Salud y fobias): La edad se puso heavy. Ahora los problemas de inflamación son mi nuevo soundtrack diario. Y aunque tenga 27, sigo teniendo el mismo terror de los 12 a las agujas para los análisis de sangre. Mi valentía se quedó en los créditos iniciales.
Género: Cine de autor (muy de autor): Tuve 4 empleos, trabajo de algo que nada que ver con lo que estudié (pero paga las cuentas) y todavía no saqué la licencia de conducir. Soy un personaje secundario en mi propia vida laboral, pero con aspiraciones de protagonista de Hollywood.
La gran revelación: Me di cuenta de que mi estado ideal es estar en la cama mirando películas. Soy capaz de cancelar cualquier plan con tal de no salir de casa. Es algo que traje de fábrica desde la adolescencia y que ahora, como adolescente-adulta, perfeccioné a nivel profesional.
Y ni me hablen de la maternidad. No me interesan los bebés y menos asistir a un baby shower (o como se escriba esa tortura social). Prefiero mil veces quedarme en mi espacio sideral donde la única que llora por el futuro soy yo frente a la tele.
Pucha carajo, llegar a los 27 no es como lo pintan en las películas de rockstars. Es aprender a convivir con la ansiedad, el sueldo que no alcanza y las ganas de que el mundo se detenga un rato mientras me tapo hasta la cabeza.
Corte y queda. Si me buscan, estoy en la cama. No insistan, ya clavé el visto.
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